Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos. De este modo se comprende que los salmos hayan sido tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios.
Bitácora
Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos... (BIBLIA DE JERUSALÉN, Apocalipsis, 5 7:8)
La fidelidad del salmista nace de la escucha de la Palabra, de custodiarla en su interior, meditándola y amándola, precisamente como María, que «conservaba, meditándolas en su corazón» las palabras que le habían sido dirigidas y los acontecimientos maravillosos en los que Dios se revelaba, pidiendo su asentimiento de fe…
Salve Aurora jubilosa, eres nuestra esperanza. Gracias te damos a ti Señora por vuestros grandes favores. Aurora madre de todos, ruega por los pecadores. Eres rosa sin espinas, templo del hijo de Dios. Desprenden paz y ternura tus divinos resplandores. Aurora madre de todos, ruega por los pecadores. Virgen de flores en primavera, de brisa fresca en verano, de fuego dulce en otoño y en invierno manto sagrado. Acógenos en tu regazo, nuestras culpas, nuestras faltas, sufrimientos y dolores, necesidades y favores. Intercede ante tu hijo, para que Él nos perdone. Aurora madre de todos, ruega por los pecadores. Al atardecer seremos interpelados por el amor. Ruega por nosotros, tus hijos devotos, al que es el amor de los amores.